martes, 1 de febrero de 2011

EL CUENTO DE GABRIELA

UN VIAJE POR EL MUNDO

Érase una vez un niño que se llamaba Daniel, tenía diez años y vivía en Canarias, unas islas de España.
Un día su padre consiguió un trabajo de piloto de avión en África, concretamente en la República de Sudáfrica, donde se hizo el mundial de fútbol. Eso a él le encantó. Un mes después llegó el día de irse, Daniel estaba muy nervioso, pero a la vez muy contento. Le costó mucho despedirse de sus amigos.
Cuando llegaron a África había un guía esperándoles. En el hotel un niño llamado Mohamed de tan sólo diez años les cogió las maletas y los llevó a su habitación.
- Daniel le preguntó: ¿Cuantos años tienes?
- Mohamed respondió: Yo diez y ¿tú?
- Daniel le contestó: También diez igual que tú. Y le dijo que si quería ir a jugar a algún parque cerca de aquí.
- Mohamed le dijo que no podía porque tenia que trabajar en el hotel, de botones.
- Daniel con una cara un poco triste le dijo que si podían ir otro día. Y Mohamed aceptó encantado.
Al día siguiente los padres de Mohamed invitaron a los padres de Daniel a una fiesta típica de África. A Daniel le encantó la idea, y a sus padres también. Se vistieron con unas ropas que le habían dado los padres de Mohamed, cogieron sus cosas y partieron a la fiesta.
La fiesta se llamaba Calinma, y le gustaba mucho a Mohamed. Consistía en pelearse con un perro. Daniel lo intentó y no lo consiguió. Después de un tiempo de diversión los padres de Daniel le dijeron que se tenían que ir a Paris.
Daniel tuvo que aceptar, era por el trabajo de su padre. Se despidió, muy triste de Mohamed y subió al avión.
Cuando llegó a París (Francia) también había un guía esperándoles y junto al guía estaba su hijo, un niño llamado Cloude, que tenía ocho años y ese día también había ido a acompañar a su padre a trabajar. Después ayudó a su padre a cargar las maletas.
Esta vez el niño le preguntó a Daniel.
- ¿Quieres venir a jugar conmigo a un parque cercano?
- Daniel sin pensarlo respondió: pues claro, me aburro mucho.
Daniel se lo pregunto a sus padres y le respondieron que sí.
Se fueron a jugar y se lo pasaron tan bien que no se dieron cuenta que habían pasado tres horas como si fuera una.
Cloude invitó a Daniel a una fiesta llamada Valetilo y le gustaba mucho a Cloude. Consistía en disfrazarse de un personaje de alguna de las culturas del mundo. A Daniel le parecía muy divertido y se fue a comprar una vestimenta con su madre a una tienda internacional.
Cuando llegó el día Daniel iba disfrazado de chino, Cloude de hindú, los padres de Cloude iban de Nelson Mandela y su mujer, y los de Daniel iban de indios apaches.
Después de un par de semanas de risas con Cloude, el padre de Daniel le dijo que le habían despedido de la compañía, y no tenía trabajo, pero le habían dicho que en América había plazas de piloto.
Daniel aceptó, sin dejar que el padre terminara la frase, y se puso a hacer las maletas y a llamar a sus amigos para contarles la buena noticia.
La mala noticia era que no sabía como decírselo a Cloude. Pero eso no le quitaba la emoción.
Llegó el gran día y la hora de despedirse de Cloude.
- Adios, dijo Daniel.
- Adios, respondió Cloude.
Daniel subió al avión y en tres horas estaban en América, en Argentina, en su nueva casa. Allí conoció a nuevos amigos y vivió nuevas historias.
Y así acaba la historia de un niño viajero que viajaba por el mundo entero con su padre y con su madre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario