Escuela del Hospital de Las Palmas de Gran Canaria
jueves, 19 de abril de 2012
CUENTO DE TAMAR, 2011
Soy yo, ``el Cardo´´
Sheinda es una adolescente de quince años, delgada, morena y con gran adicción por los libros de aventuras y misterios donde resolver jeroglíficos es su gran pasión.
Todas las noches antes de acostarse buscaba en su escritorio un buen libro que pedía en la biblioteca del Instituto. Todo para satisfacer sus ansias de aventura.
Una mañana, como de costumbre, el olor a café y a pan tostado la hizo saltar de la cama. Se miró al espejo y se puso unos vaqueros ajustados, se lavó la cara y se peinó a toda prisa. Al bajar las escaleras oyó un ruido de llaves y pensó que sería su madre pues no le dio ni tiempo a despedirse. Pero el que entraba por la puerta de la calle era su padre Eusebio. Un señor corpulento, alto, moreno y con gran parecido a la raza gitana.
Eusebio trabajaba como mecánico en un taller de coches, pero esa mañana tenía un aspecto descolorido y de estar enfermo. Sheinda se asustó y le preguntó si estaba bien, él negó con la cabeza y se adentró en la cocina. Allí se encontraba Begoña poniendo la mesa. Ella es la madre de Sheinda, un ama de casa muy trabajadora y segura de sí misma; alta, delgada y con la tez de su piel blanca.
Eusebio fue el primero en hablar, comentó que le habían despedido por una crisis que atravesaba la empresa en estos momentos y que tenía que recoger la indemnización dentro de unos días. En ese momento estuvieron los tres callados hasta que Sheinda por fin habló y dijo que encontrarían una solución, pero ella no sabía que lo peor estaba por venir.
El padre al oír a su hija no tuvo más remedio que decirle que además no podían hacer frente a la hipoteca de la casa y que los bancos los echarían de allí en poco tiempo si no encontraban trabajo pronto.
La madre que estaba oyendo lo que decía su marido se quedó blanca y cogió el teléfono para llamar a su hermana Filtricia. Ésta era viuda desde hacía diez años. Quería pedirle que si se podían quedar un tiempo en su casa por las condiciones en las que se encontraban hasta que Eusebio buscara trabajo y pudieran seguir manteniendo su casa.
Filtricia no era la misma mujer que hacía unos cuantos años desde que murió su marido Eustaquio, ahora era más bien muy cascarrabias y amargada pero ella aceptó que se quedaran un tiempo en su casa viviendo a cambio de que ella y la hija le hicieran las tareas de la casa. Begoña no tuvo más remedio que aceptar si quería mantener a su hija pero le dijo a su hermana que la niña no tenía porqué trabajar y que ella haría toda la parte de las tareas de Sheinda. Filtricia aceptó y en pocos días ya estaban viviendo en casa de la tía.
Filtricia tenía una casa terrera, con un valle enfrente y rodeada de barrancos y montañas. Sheinda al llegar a su cuarto que estaba situado en la parte baja, como un sótano con una pequeña ventana que daba al exterior. Ella se moría de rabia por momentos, esté cuarto no tenía nada que ver con la habitación de su casa. Soltó las maletas y campeó por su nuevo hogar, si se podía llamar así.
Al salir al pequeño pasillo se encontró con una puerta de hierro y giró la manecilla, frente a ella una ladera y un gran barranco de vista. Miró a la derecha y se sorprendió al ver un cardo enorme ya florecido que intentaba sobrevivir pegado a la pared de la casa. En ese momento su madre la llamó, ella cerró la puerta y respondió a su madre para preparar la cena.
Se sentaron todos en la mesa menos Sheinda que era a la que le tocaba servir la comida. Filtricia que era muy exigente intentó hacer de ella una camarera. Primero la sopa de gallina, de segundo el lomo al ajillo y de postre arroz con leche y canela pero con tan mala pata que cuando fue a servirle el cuenco a la tía se le cayó encima de la falda. La tía muy enfadada la llamaba ¡irresponsable!, ¡despistada! e ¡inútil! Begoña salió al paso de su hermana intentando calmarla de su enfado. Sheinda se contenía para no echar más leña al fuego Y salió del comedor escaleras abajo.
Allí quedaron discusiones y reproches. Las lágrimas rodaban por la mejilla de la niña por lo ocurrido anteriormente y decidió salir al aire fresco por la puerta que había visto antes.
La noche era clara y estrellada, llevaba poco tiempo allí cuando notó que el cardo se movía pero ella creía que era cosa de su imaginación y enfado, pero no era así, una flor grande de color lila se abrió de repente y una pequeña boca de espinas le habló. Ella se quedó impresionada mientras la planta le saludaba pidiéndole un poco de agua. Sheinda se compadeció y le trajo un cubo con agua. En cuanto terminó de regarla, ella le pregunta tartamudeando que cómo era posible que hablara, el cardo comprendió el interés de la niña y le dijo que no era una planta normal, era único en su especie y estaba triste por estar siempre solo.
A la noche siguiente hizo lo mismo y el cardo volvió a hablar. El cardo estaba muy agradecido por el detalle que tuvo de traerle agua y regarle. Le dijo que si plantaba una de sus semillas saldría otra planta que también hablaría. Le dio una y le aconsejó que se la regalara algún amigo de su instituto. Sheinda como no tenía nada que perder así lo hizo. Se lo dio a Aurelio y le comentó que la planta en cuanto creciera podría hablar.
A los pocos días ese niño apareció con una multitud de amigos pidiéndole más semillas a Sheinda y ella se las dio. Pensó por un momento que podía hacer un negocio con esas semillas y repartió más a cambio de algunas monedas. Los niños tan contentos se fueron a casa.
A la semana siguiente aparecieron padres de otros chicos pidiéndoles semillas, entonces ella dijo que las tenía que vender por un billete para que su familia saliera del aprieto en que se encontraban y aceptaron.
En cuanto Sheinda llegó a casa le enseñó a su padre el dinero que había conseguido. El padre que era muy vivo convenció a la niña para trabajar él ese negocio. Todo enorgullecido abrazo a su hija y corriendo fue a contárselo a Begoña. Se abrazaron saltando de alegría.
Los tres se esforzaron en hacer un pequeño invernadero que el cardo le había aconsejado.
Por fin el cardo ya no se volvería a encontrar tan solo y la familia de Sheinda pudo seguir adelante con su nuevo negocio.
Sheinda es una adolescente de quince años, delgada, morena y con gran adicción por los libros de aventuras y misterios donde resolver jeroglíficos es su gran pasión.
Todas las noches antes de acostarse buscaba en su escritorio un buen libro que pedía en la biblioteca del Instituto. Todo para satisfacer sus ansias de aventura.
Una mañana, como de costumbre, el olor a café y a pan tostado la hizo saltar de la cama. Se miró al espejo y se puso unos vaqueros ajustados, se lavó la cara y se peinó a toda prisa. Al bajar las escaleras oyó un ruido de llaves y pensó que sería su madre pues no le dio ni tiempo a despedirse. Pero el que entraba por la puerta de la calle era su padre Eusebio. Un señor corpulento, alto, moreno y con gran parecido a la raza gitana.
Eusebio trabajaba como mecánico en un taller de coches, pero esa mañana tenía un aspecto descolorido y de estar enfermo. Sheinda se asustó y le preguntó si estaba bien, él negó con la cabeza y se adentró en la cocina. Allí se encontraba Begoña poniendo la mesa. Ella es la madre de Sheinda, un ama de casa muy trabajadora y segura de sí misma; alta, delgada y con la tez de su piel blanca.
Eusebio fue el primero en hablar, comentó que le habían despedido por una crisis que atravesaba la empresa en estos momentos y que tenía que recoger la indemnización dentro de unos días. En ese momento estuvieron los tres callados hasta que Sheinda por fin habló y dijo que encontrarían una solución, pero ella no sabía que lo peor estaba por venir.
El padre al oír a su hija no tuvo más remedio que decirle que además no podían hacer frente a la hipoteca de la casa y que los bancos los echarían de allí en poco tiempo si no encontraban trabajo pronto.
La madre que estaba oyendo lo que decía su marido se quedó blanca y cogió el teléfono para llamar a su hermana Filtricia. Ésta era viuda desde hacía diez años. Quería pedirle que si se podían quedar un tiempo en su casa por las condiciones en las que se encontraban hasta que Eusebio buscara trabajo y pudieran seguir manteniendo su casa.
Filtricia no era la misma mujer que hacía unos cuantos años desde que murió su marido Eustaquio, ahora era más bien muy cascarrabias y amargada pero ella aceptó que se quedaran un tiempo en su casa viviendo a cambio de que ella y la hija le hicieran las tareas de la casa. Begoña no tuvo más remedio que aceptar si quería mantener a su hija pero le dijo a su hermana que la niña no tenía porqué trabajar y que ella haría toda la parte de las tareas de Sheinda. Filtricia aceptó y en pocos días ya estaban viviendo en casa de la tía.
Filtricia tenía una casa terrera, con un valle enfrente y rodeada de barrancos y montañas. Sheinda al llegar a su cuarto que estaba situado en la parte baja, como un sótano con una pequeña ventana que daba al exterior. Ella se moría de rabia por momentos, esté cuarto no tenía nada que ver con la habitación de su casa. Soltó las maletas y campeó por su nuevo hogar, si se podía llamar así.
Al salir al pequeño pasillo se encontró con una puerta de hierro y giró la manecilla, frente a ella una ladera y un gran barranco de vista. Miró a la derecha y se sorprendió al ver un cardo enorme ya florecido que intentaba sobrevivir pegado a la pared de la casa. En ese momento su madre la llamó, ella cerró la puerta y respondió a su madre para preparar la cena.
Se sentaron todos en la mesa menos Sheinda que era a la que le tocaba servir la comida. Filtricia que era muy exigente intentó hacer de ella una camarera. Primero la sopa de gallina, de segundo el lomo al ajillo y de postre arroz con leche y canela pero con tan mala pata que cuando fue a servirle el cuenco a la tía se le cayó encima de la falda. La tía muy enfadada la llamaba ¡irresponsable!, ¡despistada! e ¡inútil! Begoña salió al paso de su hermana intentando calmarla de su enfado. Sheinda se contenía para no echar más leña al fuego Y salió del comedor escaleras abajo.
Allí quedaron discusiones y reproches. Las lágrimas rodaban por la mejilla de la niña por lo ocurrido anteriormente y decidió salir al aire fresco por la puerta que había visto antes.
La noche era clara y estrellada, llevaba poco tiempo allí cuando notó que el cardo se movía pero ella creía que era cosa de su imaginación y enfado, pero no era así, una flor grande de color lila se abrió de repente y una pequeña boca de espinas le habló. Ella se quedó impresionada mientras la planta le saludaba pidiéndole un poco de agua. Sheinda se compadeció y le trajo un cubo con agua. En cuanto terminó de regarla, ella le pregunta tartamudeando que cómo era posible que hablara, el cardo comprendió el interés de la niña y le dijo que no era una planta normal, era único en su especie y estaba triste por estar siempre solo.
A la noche siguiente hizo lo mismo y el cardo volvió a hablar. El cardo estaba muy agradecido por el detalle que tuvo de traerle agua y regarle. Le dijo que si plantaba una de sus semillas saldría otra planta que también hablaría. Le dio una y le aconsejó que se la regalara algún amigo de su instituto. Sheinda como no tenía nada que perder así lo hizo. Se lo dio a Aurelio y le comentó que la planta en cuanto creciera podría hablar.
A los pocos días ese niño apareció con una multitud de amigos pidiéndole más semillas a Sheinda y ella se las dio. Pensó por un momento que podía hacer un negocio con esas semillas y repartió más a cambio de algunas monedas. Los niños tan contentos se fueron a casa.
A la semana siguiente aparecieron padres de otros chicos pidiéndoles semillas, entonces ella dijo que las tenía que vender por un billete para que su familia saliera del aprieto en que se encontraban y aceptaron.
En cuanto Sheinda llegó a casa le enseñó a su padre el dinero que había conseguido. El padre que era muy vivo convenció a la niña para trabajar él ese negocio. Todo enorgullecido abrazo a su hija y corriendo fue a contárselo a Begoña. Se abrazaron saltando de alegría.
Los tres se esforzaron en hacer un pequeño invernadero que el cardo le había aconsejado.
Por fin el cardo ya no se volvería a encontrar tan solo y la familia de Sheinda pudo seguir adelante con su nuevo negocio.
jueves, 7 de abril de 2011
EL CUENTO DE BRENDA
CON MI CUENTO SOY FELIZ
Se cuenta que hace mucho tiempo mi colegio viajaba por todo el mundo. Nunca estuvo parado en un lugar determinado. Un año estaba en un país y otro año estaba en otro. Cada vez que iba a un lugar se llenaba de niños y niñas de ese sitio y cuando el colegio se iba a otro lugar los niños y niñas iban con él. Así fue como el colegio tenía cada vez más y más alumnos de diferentes partes del mundo.
Hoy estoy en este maravilloso colegio y tengo amigos de todas las culturas. Lo estamos pasando muy bien.
Cada día, en el recreo, comemos cosas diferentes porque cada uno trae la comida de su país y podemos ver que es diferente y nos gusta mucho.
También jugamos a juegos diferentes porque cada uno tiene una forma diferente de jugar.
Los fines de semana hacemos fiestas en las casas de mis amigos y amigas y cada uno trae lo más típico del lugar en que nació.
Cuando estudiamos lo hacemos en diferentes idiomas y de esta forma aprendemos a comunicarnos entre nosotros.
Este colegio tiene en su interior como una máquina del tiempo que se conecta y envía a la escuela a otro lugar del mundo. Nunca sabemos donde vamos a ir hasta que no hemos llegado a ese lugar. Tampoco sabemos los niños que vamos a conocer hasta que no empiezan a ir al centro. Rápidamente nos hacemos todos amigos, los que ya estamos con los nuevos que vienen, y de esta forma no hay ningún conflicto entre nosotros.
Entre todos formamos una gran pandilla y hemos decidido seguir viajando por todo el mundo para seguir aprendiendo de todas las culturas.
Creo que si esto sigue así de bien todos los niños y niñas del mundo perteneceremos a este colegio y seremos todos amigos y se acabarán las guerras, las peleas, el hambre y todas las cosas malas que hoy existen entre las personas.
BRENDA RODRÍGUEZ RAMÍREZ
Aula Hospitalaria del Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria
Finalista en la modalidad B del IV Certamen Nacional de Relatos "En mi verso soy libre" Organizado por la Consejería de Educación de la Región de Murcia para el alumnado de Aulas Hospitalarias de nuestro país.
EL CUENTO DE SARA
EL NIÑO RARO
Érase una vez un niño raro que se llamaba Peque. Su pelo era de color rubio y sus ojos eran de color verde. Iba vestido de coche. Le gustaba jugar mucho con sus amigos y con los animales.
Había nacido en una ciudad llamada Metrópolis. La ciudad era grande y muy bonita. De pronto, un día un hada lo convirtió en armadillo. Cuando se miró en un espejo y vio cómo era se vio obligado a buscar la solución en una cueva mágica para convertirse otra vez en un niño.
A Peque se le ocurrió una gran idea, hablar con los animales para que le ayudaran y así lo hizo día tras día.
Con ayuda de sus amigos logró solucionar el problema y todos juntos celebraron su gran éxito con el elefante, la tigresa, el tigre, el bello león y la bella leona.
Y colorín colorado ya se ha acabado.
SARA SOSA GUEDES
Aula Hospitalaria del Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria
Finalista en la modalidad A del IV Certamen Nacional de Relatos "En mi verso soy libre" Organizado por la Consejería de Educación de la Región de Murcia para el alumnado de Aulas Hospitalarias de nuestro país.
sábado, 2 de abril de 2011
EL CUENTO DE PEDRO
EL MAR, ESE GRAN DESCONOCIDO
Érase una vez un pueblo muy pequeño y lejano adentrado en las montañas de las partes inferiores del planeta. Estaba gobernado por uno de sus habitantes, el hombre más viejo de todos ellos. Era un pueblo ignorante del mundo exterior y sus maravillas. Ellos sólo conocían su TIERRA, su CIELO y cómo trabajar para comer y vivir, pero eso era suficiente para una comunidad que no necesitaba respuestas porque no tenían preguntas.
Un buen día a este pueblo ignorante llegó un hombre llamado Perico que consiguió desvelar la única incógnita que tenían: ¿CÓMO ERA EL MAR?
Todos tenían sus historias y se las contaban al forastero antes de que él abriese la boca:
-- Yo creo que el mar es un gran búfalo al que todo el mundo adora, decía uno.
-- Calla, el mar es como el cielo pero se puede tocar, decía otro.
-- No, yo pienso que el mar es un gran oasis pero sin fin y cuando entras en él ya no eres la misma persona, comentaba otro.
Todos querían dar su versión de cómo era el mar. El hombre los miraba asombrado y con ganas de desvelar sus dudas. Perico, cansado ya de escuchar tantos comentarios se sentó en una piedra y dijo:
-- Escuchad todos, el mar es un gran abismo de agua salada que cubre muchas partes de la tierra que pisamos. Esta agua cuando la miramos es azul, pero si la cogemos en las manos es transparente y escurridiza, con sólo mirarla nos sentimos llenos de vida.
-- ¡Sí!, replicó asombrado un habitante del pueblo.
-- Pero esto no acaba aquí, siguió contando Perico, ¡en el mar hay vida!
-- ¿Vida?, preguntó con mucha curiosidad otro de los habitantes del pueblo.
-- ¡Sí!, exclamó Perico, porque si pudiéramos contemplar el fondo del mar no veríamos solamente abismo sino que veríamos un impresionante paisaje como en la misma TIERRA, con montañas, valles y llanuras pero todo cubierto por miles de metros de agua.
En ese mismo instante los pocos habitantes que en aquellas montañas estaban quedaron como hipnotizados oyendo semejante historia. Perico siguió contando todo lo que sabía del mar y les dijo, lo más asombroso de todo es que hay vida en esas aguas, son los peces, el tiburón, el calamar, el delfín, las ballenas y muchísimos más animales marinos. También les dijo que podría estar hablando del mar horas y horas y no terminaría nunca.
Bastaron unos pocos minutos para que aquellos hombres llenaran sus bolsas de víveres y ropa y salieran en busca del mar, “ESE GRAN DESCONOCIDO “.
Pedro Santana Saavedra
Aula Hospitalaria del Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria
Ganador en la categoría B del III Certamen Nacional de Relatos "En mi verso soy libre" Organizado por la Consejería de Educación de la Región de Murcia para el alumnado de Aulas Hospitalarias de nuestro país.
martes, 1 de febrero de 2011
EL CUENTO DE NISRIN
INGRESADA EN EL HOSPITAL
He estado muchas veces ingresada en el hospital y toda mi familia venía a visitarme y me traían muchos regalos. Hice muchas amigas como Paula, Laura Yaiza... Conocí también a enfermeros y enfermeras como Paco, Loli, Carlos…
Allí hacíamos collares, pulseras, deberes… Un día me dieron de alta, que significa que me marcho a casa.
Ya estoy en casa y esa tarde vinieron mis amigas del barrio a visitarme. Una se llama Emily que es de Ecuador, otra Selene que es de España y otra Brenda que era de Japón.
Un día fuimos a un cumpleaños que era de mi mejor amiga, se llama Ana y es de Italia. Todos les hicimos regalos. Le regalé una carta de felicitación y una caja completa de maquillaje. Jugamos al escondite, al ajedrez, al teje…
Como su padre tenía una pizzería nos atiborramos de pizzas, pan de ajos, macarrones y espaguetis. Cuando acabamos de comer salimos con la barriga llena y con ganas de acostarnos pero seguimos disfrutando de la fiesta.
Todas las amigas tomamos un avión y fuimos a África y recorrimos muchos lugares. Hicimos muchas amigas y montamos en camellos. Estuvimos recorriendo todo el desierto hasta llegar a una fuente de agua que era milagrosa. Los milagros que hacía era que cuando bebíamos agua nos quitaba la sed durante dos semanas.
En Egipto, junto a las pirámides, hicimos un teatro y representamos el cuento de “Caperucita Roja viajando por el mundo”. Yo hice de Caperucita Roja, mi amiga Selene hizo de lobo, Brenda de la abuelita, Ana del cazador y Emily de la madre de Caperucita. El cuento terminó con una gran fiesta de disfraces y todo el público nos aplaudió. Luego nos montamos en un globo y nos fuimos de regreso a casa.
Una enfermera me llamó y cuando desperté seguía estando ingresada en el hospital y todo había sido un sueño.
NISRIN CHALOUKA
Aula Hospitalaria del Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria
Aula Hospitalaria del Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria
Finalista en la modalidad A del IV Certamen Nacional de Relatos "En mi verso soy libre" Organizado por la Consejería de Educación de la Región de Murcia para el alumnado de Aulas Hospitalarias de nuestro país.
EL CUENTO DE TAMAR, 2010
EL TESORO DEL PIRATA BIGOTE VERDE
Érase una vez en el siglo XV. Se hacía a la mar un viejo barco pirata que se disponía a buscar un tesoro que estaba escondido en alguna de las Islas Canarias que era un lugar por donde pasaban muchos piratas en esa época.
La leyenda dice que cualquier persona moriría en el intento de la búsqueda del tesoro del pirata Bigote Verde y por supuesto él también murió en el intento de salir de las Islas una vez que lo encontró.
En el barco pirata había 15 tripulantes más la mano derecha del capitán llamado Bentejui y el capitán Yaicén a quien todos llamaban “Ojo Tuerto” porque tenía un ojo tapado y decía que no le gustaba enseñarlo. La gente creía que le faltaba un ojo y por eso lo tenía tapado pero la verdad era que por ese ojo veía más que ninguno y el capitán no quería que nadie se diera cuenta y cuando él quería se levantaba el parche y veía todo lo que quería.
Se dirigieron al Océano Atlántico dónde se encontraban las Islas Canarias. Cuando el mar estaba en calma, Yaicén vio un barco en la misma dirección que ellos y se figuró que iban a por el tesoro, miró por el catalejo y era un barco de piratas españoles con 20 tripulantes pero ellos solo eran 17 personas. Yaicén se dio cuenta que el capitán del otro barco no se percató de su presencia y despertó con un grito a su tripulación y fue entonces cuando las personas del otro barco lo escucharon y entonces el capitán español los vio y gritó: ¡cargar los cañones bichos enclenques! ¡Si mi capitán!, ¡Boom! ¡Baam! La batalla fue bestial pero venció el pirata Ojo Tuerto y su tripulación.
Después de varios días de navegación llegaron a las Islas que formaban el archipiélago canario y fondearon un poco lejos porque había muchos roques y si se despistaban podrían romper el barco. Bajaron los botes y empezaron a remar y remar hasta que llegaron a la Isla más pequeña, la cual no duraron mucho tiempo en recorrerla y conocerla al igual que la siguiente en tamaño pero no encontraron ni rastro del tesoro.
La tercera Isla en la que desembarcaron era mucho más grande que las anteriores, muy verde y muy fácil de perderse pero aún así Ojo Tuerto y su tripulación, llevados por la curiosidad, entraron aunque sabían que se iban a arrepentir de la decisión tomada.
En la espesa selva seguían caminando y parecía no tener fin. Después de mucho tiempo de camino y ya muy cansados, el capitán se dio cuenta de que estaban caminando en círculo y se acordó de que tenía una brújula y lograron caminar en el sentido adecuado. Al rato encontraron un papel que tenía algo escrito y decía así: “en la siguiente Isla que veas busca debajo de tus pies y en el suelo hallarás el siguiente mensaje” y lo firmaba el pirata Bigote Verde.
Cuando Yaicén vio la firma de Bigote Verde se quedó muy sorprendido, siguieron caminando y después de una hora un hombre de la tripulación se dio cuenta de que se habían perdido en la espesa selva pero el capitán cogió otra vez su brújula y consiguieron salir de allí. Cuando llegaron al barco decidieron descasar y seguir con la búsqueda al día siguiente.
Llegó la noche y todos se pusieron a roncar y roncar y de madrugada el capitán Ojo Tuerto se despertó escuchando el ruido de las olas chocando con los roques y se sobresaltó, se levanto y salió fuera del camarote a ver el mar y a lo lejos vio un barco, cogió su catalejo y miró, era otro barco pirata con su capitán y la tripulación y se dirigía hacia ellos seguramente también en busca del tesoro. Yaicén despertó a su tripulación con sigilo y se fueron de allí antes de que ellos llegaran. En el otro barco todos estaban dormidos y no se enteraron de que estaban en gran peligro porque tenía que enfrentarse con los roques de la isla. El barco se acercaba cada vez más y más a los roques de la Isla hasta que chocó con uno muy grande y el barco se hundió y el capitán y su tripulación tuvieron que nadar hasta una de las Islas y no pudieron salir de ella.
Por fin el capitán Ojo Tuerto pudo seguir durmiendo en paz en la orilla de otra de las hermosas Islas….zzzz.
Al día siguiente empezaron a buscar en la siguiente isla. La pista que buscaban era la que habían leído en la primera y que decía: “mira debajo de tus pies”. Yaicén dijo a sus hombres: separaros así encontraremos la pista mucho antes. Después de tres horas uno de los tripulantes pisó una cosa extraña y miró debajo de sus pies y encontró la pista y se la llevó a su capitán y éste se puso a leerla en voz alta y decía: “desde el norte de la siguiente isla al sur de la misma has de llegar pero cuidado con el poblado porque una sorpresa te vas a llevar y el siguiente mensaje encontrarás”, y este mensaje lo volvía a firmar el pirata Bigote Verde.
Enseguida llegaron a la siguiente Isla, mucho más grande que las anteriores, dejaron el barco un poco más lejos de la orilla y cogieron los botes y se apresuraron a entrar en la espesa selva. Caminaron durante horas hasta que llegaron al poblado y la sorpresa que decía la pista era que sus pobladores eran caníbales. El capitán Yaicén observó que en un rincón de una de las chozas estaba la siguiente pista y fue a cogerla pero los caníbales se lo impidieron y se los llevaron ante el gran jefe del poblado. Yaicén se fijó que al lado del trono, por la izquierda, había una preciosa mujer pelirroja, alta y atractiva y se dio cuenta que la chica le miraba fijamente y guiándose por su intuición masculina pensó que la chica le gustaba. La mujer, que era la hija del jefe, le dijo a su padre que si se podría quedar con el capitán y el jefe dijo ¡no! Pero al rato, como era su única hija y para cumplir su capricho, le dijo: “si mi amor te puedes quedar con él como esclavo”. La chica llevó a su choza al capitán e intentaba que se enamorara de ella. La mujer se dio cuenta de que el capitán tenía un montón de aruñazos y una herida, se las curó con una mezcla rara y Yaicén le dijo: muchas gracias señorita. Yaicén aprovechó el momento y le preguntó:¿tú sabes donde está el tesoro del pirara Bigote Verde? Ella no lo sabía y la mujer aprovechó el momento y lo besó. Después lo llevó a la cama y lo acostó, Yaicén se durmió enseguida porque estaba muy cansado.
La mujer por desgracia no tenía nombre y todo el pueblo la llamaba “hija del jefe” y a ella no le gustaba que la llamaran así. Cuando Yaicén se despertó la mujer le preguntó si le podía poner un nombre. El capitán ya tenía pensado uno porque desde el principio le cayó muy simpática y le dijo que si le gustaba el nombre de Alenda, y ella le contestó que le gustaba mucho y le dijo a Yaicén: yo quiero que me llames Alenda.
Alenda le dijo a Yaicén que le gustaba él y éste le contestó que le parecía muy atractiva y que también le gustaba. Cuando el capitán se acordó dijo: ¿dónde está mi tripulación?, ella le dijo que su padre había mandado matar a uno pero los demás estaban encerrados por la parte de la playa. Yaicén se quiso levantar pero la mujer se lo impidió y éste la apartó y le dijo que tenía que ir a por su tripulación. Entonces la mujer le confesó que le había mentido porque la tripulación estaba toda muerta pues su pueblo tenía mucha hambre pero que le acompañaría a escapar porque conocía muy bien esta isla. El capitán le dio las gracias y le dijo que le tenía que pedir otro favor: en la caseta de tu padre hay un papel y me gustaría que me lo trajeses, y así fue. Al rato volvió y lo traía, Alenda ayudó a Yaicén a salir del poblado y cuando salieron leyeron la pista que decía: “cerca del poblado hay un volcán, busca en el interior y el tesoro hallarás”. Esta pista la volvía a firmar el pirata Bigote Verde.
Alenda sabía donde estaba el volcán y subieron a la cima. La lava que desprendía el volcán estaba solidificada, Yaicén se puso a andar por encima y de repente se cayó en un agujero que conducía a un túnel y vio el tesoro, lo cogió lo sacó y se tenía que ir a Inglaterra a solucionar algunas deudas pero no quería dejar a Alenda porque le había cogido mucho cariño y estaba enamorado de ella.
Tal era su amor por ella que se quedó en la isla, puso el tesoro en su barco y se fueron a la Isla más occidental. Cuando llegaron fondearon el barco y Yaicén vivió con Alenda una bonita historia de amor y al cabo de 9 meses tuvieron una hija y la llamaron Sofía.
EL CUENTO DE GABRIELA
UN VIAJE POR EL MUNDO
Érase una vez un niño que se llamaba Daniel, tenía diez años y vivía en Canarias, unas islas de España.
Un día su padre consiguió un trabajo de piloto de avión en África, concretamente en la República de Sudáfrica, donde se hizo el mundial de fútbol. Eso a él le encantó. Un mes después llegó el día de irse, Daniel estaba muy nervioso, pero a la vez muy contento. Le costó mucho despedirse de sus amigos.
Cuando llegaron a África había un guía esperándoles. En el hotel un niño llamado Mohamed de tan sólo diez años les cogió las maletas y los llevó a su habitación.
- Daniel le preguntó: ¿Cuantos años tienes?
- Mohamed respondió: Yo diez y ¿tú?
- Daniel le contestó: También diez igual que tú. Y le dijo que si quería ir a jugar a algún parque cerca de aquí.
- Mohamed le dijo que no podía porque tenia que trabajar en el hotel, de botones.
- Daniel con una cara un poco triste le dijo que si podían ir otro día. Y Mohamed aceptó encantado.
Al día siguiente los padres de Mohamed invitaron a los padres de Daniel a una fiesta típica de África. A Daniel le encantó la idea, y a sus padres también. Se vistieron con unas ropas que le habían dado los padres de Mohamed, cogieron sus cosas y partieron a la fiesta.
La fiesta se llamaba Calinma, y le gustaba mucho a Mohamed. Consistía en pelearse con un perro. Daniel lo intentó y no lo consiguió. Después de un tiempo de diversión los padres de Daniel le dijeron que se tenían que ir a Paris.
Daniel tuvo que aceptar, era por el trabajo de su padre. Se despidió, muy triste de Mohamed y subió al avión.
Cuando llegó a París (Francia) también había un guía esperándoles y junto al guía estaba su hijo, un niño llamado Cloude, que tenía ocho años y ese día también había ido a acompañar a su padre a trabajar. Después ayudó a su padre a cargar las maletas.
Esta vez el niño le preguntó a Daniel.
- ¿Quieres venir a jugar conmigo a un parque cercano?
- Daniel sin pensarlo respondió: pues claro, me aburro mucho.
Daniel se lo pregunto a sus padres y le respondieron que sí.
Se fueron a jugar y se lo pasaron tan bien que no se dieron cuenta que habían pasado tres horas como si fuera una.
Cloude invitó a Daniel a una fiesta llamada Valetilo y le gustaba mucho a Cloude. Consistía en disfrazarse de un personaje de alguna de las culturas del mundo. A Daniel le parecía muy divertido y se fue a comprar una vestimenta con su madre a una tienda internacional.
Cloude invitó a Daniel a una fiesta llamada Valetilo y le gustaba mucho a Cloude. Consistía en disfrazarse de un personaje de alguna de las culturas del mundo. A Daniel le parecía muy divertido y se fue a comprar una vestimenta con su madre a una tienda internacional.
Cuando llegó el día Daniel iba disfrazado de chino, Cloude de hindú, los padres de Cloude iban de Nelson Mandela y su mujer, y los de Daniel iban de indios apaches.
Después de un par de semanas de risas con Cloude, el padre de Daniel le dijo que le habían despedido de la compañía, y no tenía trabajo, pero le habían dicho que en América había plazas de piloto.
Daniel aceptó, sin dejar que el padre terminara la frase, y se puso a hacer las maletas y a llamar a sus amigos para contarles la buena noticia.
La mala noticia era que no sabía como decírselo a Cloude. Pero eso no le quitaba la emoción.
Llegó el gran día y la hora de despedirse de Cloude.
- Adios, dijo Daniel.
- Adios, respondió Cloude.
Daniel subió al avión y en tres horas estaban en América, en Argentina, en su nueva casa. Allí conoció a nuevos amigos y vivió nuevas historias.
Y así acaba la historia de un niño viajero que viajaba por el mundo entero con su padre y con su madre.
EL CUENTO DE GRIMANESA
MI FAMILIA ADOPTIVA, EL MAR
Esto que voy a contar puede asemejarse a un cuento aunque realmente es un sentimiento mío que quiero expresar y compartir con todos ustedes y que espero que lo entiendan como algo virtuoso y natural aunque pueda parecer fantástico y rocambolesco.
Pues bueno empecemos a contar, el mar, que bonita palabra la cual pega mucho conmigo porque yo me considero agua, pez, sirena, en fin un poco de todo lo que hay y significa esa inmensa masa de agua que ocupa casi las tres cuartas partes de nuestro hermoso planeta.
El mar es como una gran familia, si señores es así, fíjense, les voy a explicar. Cuando estoy mal emocionalmente o físicamente mi madre me abraza pues el mar cuando lo necesitas te rodea con sus olas, te abraza y te sientes bien. Cuando tienes ganas de hablar tu familia te escucha, el mar cuando te paras frente a él escucha tus problemas y si está atento en tu interior oyes sus consejos. Cuando estás sucia tu madre te baña y cuando te metes en el mar este ser tan inteligente te baña y te limpia tanto exteriormente como interiormente y te vuelves a sentir muy bien.
El mar es como una vida humana, es decir podemos expresar que una persona es como el mar porque en él hay prácticamente lo que una persona vive en el día a día. Por ejemplo el mar tiene familia que son los animales que viven en sus aguas; hay casi siempre calma en su interior al igual que en la mayoría de las familias.
Bueno, en definitiva, para mí el mar es como mi familia y cuando estoy frente a él tengo calma, felicidad, respiro aire puro y sobre todo los que viven en el mar son como mi familia porque no me han hecho daño. También, como dije anteriormente, me limpia y me abraza con sus olas.
Por todo esto, cuando te sientas mal vete a la orilla del mar y háblale, cuéntale tus problemas, te escuchara como lo hace tu familia y si quieres limpiarte métete en sus olas y abrázalo tú también y veras que paz y que liberación vas a encontrar.
Creo que ya van sintiendo el significado cuando digo que el mar es como mi familia, es así. Claro está que eso sólo lo aprecian las personas que aman al mar, que lo necesitan y que sus sentimientos son nobles y puros y la mayoría de esas personas somos niños y podemos comprobarlo. Les explico, reúnan a varios niños y pregúntenle a cada uno por separado que es para ellos el mar y verán que todos coincidimos o por lo menos en algo.
Bueno si me pongo a hablar del mar podría escribir hojas y hojas pero eso pienso que es aburrido porque por lo menos a mi cuando me cuentan una historia me gusta que no sea muy larga pero bien explicada porque yo soy una niña y tienen que hacerlo adecuado a mis capacidades y por eso yo les he explicado esto a mi manera para que todos lo entiendan.
Creo que ahora ya se comprende que aunque lo que he narrado no sea un cuento lo que les he contado del mar es igual o mejor que un cuento porque es una realidad. Prueben a hacer todo lo que les he dicho y verán, y si tienen oportunidad cuéntelo o compártanlo con otras personas.
Decirles que ha sido un placer contarles mis pensamientos acerca del mar, una de las criaturas de este mundo mas maravillosa y como siempre digo para sentirme completa necesito estar cerca del mar es decir aparte de todo lo que tengo como es mi familia, la vida y esta salud que estoy recuperando, es esas cosas que te da el mar.
Y ahora sí, como se dicen en los cuentos colorín colorado este cuento o historia, o pensamiento o como cada uno de ustedes quieran llamarle se ha acabado.
EL CUENTO DE ANDRÉS
LOS DRAGONES DEL MAR
Hace miles y miles de años en un mar lejano vivían unos dragones maravillosos. Era una época en la que había muchas guerras entre dragones y barcos vikingos.
Los vikingos no paraban de molestar a los dragones y ellos se defendían escupiendo por su boca agua, las escupían tan fuerte que llegaba a romper los barcos a la mitad y siempre se repetía lo mismo.
Un día, uno de los dragones encontró una cueva y vio una piedra que brillaba muchísimo, al tocarla se convirtió en un príncipe dragón. Al convertirse en príncipe recordó que hacía muchísimo tiempo había luchado en otras aguas profundas de este inmenso mar con otros dos dragones que eran de una especie diferente a la suya. Uno era de fuego y otro era de plantas, los llamaban los dragones caballeros y eran de color rojo y verde. Luchaban contra unos dragones que en aquel entonces eran muy malos y tenían poderes oscuros, éstos eran de color negro.
El príncipe dragón siguió recordando y vino a su memoria que antes de ser dragón era un ser humano y se dio cuenta de que uno de los dragones con los que luchaba era el llamado “dragón tenebroso” quien le había echado una maldición porque ambos estaban enamorados de la misma princesa. Entonces, por celos, el dragón tenebroso convirtió al príncipe y a la princesa en dragones y los envió a aguas de mar distinta para que no estuviesen juntos.
El príncipe dragón junto con la ayuda de los otros dos dragones caballeros lucharon y pudieron acabar con el dragón tenebroso. Pero la historia no acaba aquí porque antes de morir el dragón tenebroso le dijo riéndose al dragón príncipe: “la maldición no podrá desaparecer aunque me mates, sólo desaparecerá cuando encuentres a la princesa y sólo con una mirada de amor verdadero se romperá la maldición” y se murió. El príncipe no pudo contener la rabia y juró que la encontraría pero también estaba preocupado por las guerras que había en alta mar con los barcos vikingos. Los dragones caballeros le hicieron un juramento y le prometieron al príncipe dragón que le ayudaría a encontrar a la princesa pero antes tendrían que unirse para acabar con todos los vikingos.
Pasaron años y años y seguían luchando hasta que un día entre luchas y batallas junto con los dragones caballeros se dieron cuenta que venía una gran fuerza de viento. Esta fuerza era muy poderosa y no sabían de donde venía pero los vikingos fueron todos derrotados. Los dragones caballeros y el príncipe vieron como el viento soplaba tan fuerte que no volvieron a venir más barcos.
Los dragones caballeros junto con el príncipe dragón no se explicaban como el viento vino de repente y también de repente volvió a su normalidad y tranquilidad. Pero ellos estaban sospechando de algo malo y que no era normal todo lo que había ocurrido en ese momento.
Hablaron entre ellos y decidieron ir a descansar. Los dragones caballeros se fueron a su escondite y el príncipe dragón volvió a su cueva. Pasaron los días y mientras los dragones descansaban, después de tantas batallas y guerras, el príncipe dragón quiso salir de su cueva para ver si seguían viniendo los barcos vikingos pero se dio cuenta de que aquella fuerza extraña que viniera del viento lo que hizo fue traer la tranquilidad y terminar con las guerras.
Mientras el dragón príncipe iba mirando debajo del fondo del mar oyó que sus compañeros, los dragones caballeros, lo reclamaban con urgencia y el acudió a su encuentro. Cuando vio a sus compañeros observó que con ellos había otro dragón y al acercarse se dio cuenta de que era la princesa de la cual estaba enamorado.
Era una dragona bella de color rosa y estaba reluciente. Era ella la que tenía el poder del viento. Estuvieron hablando todo el tiempo, hicieron un banquete con mucha comida y entre risas y fiestas se miraron los dos dragones príncipes y empezaron a salir estrellas relucientes y luces de colores y es que la maldición que le había echado el dragón tenebroso se había roto.
Pasaron los días y se fueron enamorando cada vez más y es que cuando desapareció la maldición ellos se volvieron humanos. Los dragones caballeros seguían siendo dragones y es que ellos no tenían maldición alguna pero se hicieron muy amigos. Los príncipes, ya humanos, estaban tan enamorados que por no dejar solos a los dragones caballeros hicieron un juramento. Para que se pudiera cumplir este juramento tenían que salir de la cueva por la noche y entonces cuando llegó oscureció se montaron en el lomo de los dragones y salieron cabalgando. Lo primero que vieron fue un mar muy en calma y una noche llena de estrellas. Pero sólo una estrella era mágica y que podía aparecer en cualquier momento. Estuvieron esperando a la estrella y juntos la vieron pasar y le pidieron un deseo; como se habían enamorados como dragones y estaban tan bien en el mar con sus amigos dragones le pidieron ser dragones para siempre y así reinarían las aguas de los mares y no vendrían más barcos vikingos a hacer la guerra.
Ellos creían que no se cumpliría su deseo y volvieron otra vez como humanos a la cueva y estaban muy tristes. Pero a la mañana siguiente al despertarse se dieron cuenta de que su deseo se cumplió y volvieron a ser dragones príncipes. Se pusieron muy contentos y fueron en busca de los dragones caballeros para darles la noticia y es que todos estaban tan contentos y alegres que decidieron casarse.
Al cabo del tiempo reinaron en todos los mares, tuvieron hijos y fueron muy felices. No hubo más guerras ni barcos que les molestara. Los dragones caballeros decidieron proteger siempre a los dragoncitos, los hijos de los príncipes, y les enseñaron a nadar como si fuesen mayores. Pero lo que si es cierto es que los días volvieron a ser más tranquilos, las noches mas brillantes que nunca y las aguas del mar estuvieron en calma para siempre.
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